sábado, 3 de septiembre de 2011

Un día como cualquiera

Han pasado cosas. Hoy, estoy con una taza de café al lado, y al otro, los pasajes que me llevarían nuevamente a Valparaíso dentro de poco. Y ahora que lo pienso, si bien en algún momento le mostré algo que escribí cuando tenía 15, poco se sabe sobre qué pasó desde el día que escribí eso hasta diciembre del año pasado. Perdónenme si peco de ególatra, pero es la única manera que tengo de explicar ciertas cosas. Y la más importante de ella es la que me trajo a escribir aquí: Por qué soy como soy.

Dentro de todo, es confortante que casi toda la gente que me rodea hoy en día no me haya conocido en esa etapa de mi vida donde estuve mal. Peor que cualquier otro momento. En ese entonces, me hallé parado en un punto donde no entendía por qué era tan diferente a los demás. Creo que mis padres se encargaron de intentar explicarme el por qué, pero la verdad es que no lo entendí sino hasta hace poco.

Y es porque no soy igual al resto. Nunca lo fui, no lo soy y dudo que alguna vez lo sea. Aunque no se note, la vida me trató bastante mal durante casi 18 años. Porque cuando lo pienso, desde que nací que fui diferente. La gente creía que estaba enfermo, que era retrasado o algo así. Luego cuando adquirí uso de razón, tampoco tuve un lugar definido en la sociedad, porque nunca la he entendido. Mi entorno intentaba consolar eso diciéndome que yo era "enchapado a la antigua" o algo así. Y yo me lo creía y gracias a eso podía estar medianamente tranquilo. Pero a la vez, otra parte de mí se dedicaba a cuestionar el por qué era tan diferente a los demás.

Supongo que por eso durante mi infancia nunca tuve amigos. Ni nadie en quién poder confiar totalmente. Nadie aceptaba a alguien que pensara diferente con respecto a todo. Ya había perdido las esperanzas, creía que estaba condenado a ser marginado por siempre. Mis padres tampoco entienden mucho mi forma de pensar. Sé que quizás nadie lo haga, pero ya no es algo que me incomode. Es más, me agrada.

La única salida que tuve todo el tiempo para evitar ser masacrado por la sociedad era alimentar mi cerebro. Adquiero conocimiento siempre, me causa curiosidad por qué pasan las cosas, y nunca me conformo con un 'porque sí' o una respuesta incompleta. Hasta el día de hoy lo hago. Hay veces en que me atormenta saber tanto, pero así soy. No puedo renunciar a una de las pocas cosas buenas que tengo. Y la única manera que tuve para intentar adaptarme, era siendo noble. Mucha gente, muchísima, se aprovechó de eso. Pero a la vez era la única manera que tenía de poder entonces ser alguien.

Entonces llegó Victor. Creo que él es una de las pocas personas que me entiende casi completamente. Lo conocí porque me causó curiosidad que alguien viviese tan cerca de donde vivo, en este lugar cerca pero lejos de todo. Él me ayudo -literalmente- a que mi vida cambiara. A él le debo el hecho de saber quién soy, qué hago y para dónde voy. Luego llegaron más amistades falsas, pero con ellas llegó también Nicolás, quién hoy en día es mi mejor amigo. Cuando nos conocimos no nos entendimos, nos odiábamos, pero las circunstancias se encargaron de que pudiésemos acercarnos. Él me da confianza completa para contarle algunas cosas, sé que puedo desahogarme con él, y también muchas veces me ha dado una mano cuando lo necesité. Él también me acompañó en ese viaje que cambió mi vida por completo.

Por fin estaba entendiendo quién soy, y por qué soy así. Y por qué la vida me estaba tratando tan mal. Comenzaba a sentirme cómodo siendo diferente. Pero llegó un momento en que me di cuenta que ser diferente tampoco me serviría de mucho en esta vida. Entonces vino la depresión.

Llegaron mis amigos, los amigos de verdad. Gente con la cual podía compartir y sentirme bien siendo como soy. Pero aún me sentía vacío. Sentía que algo me faltaba para terminar de entender mi vida y saber hacia dónde voy.

Comenzó diciembre. Y llegó ella a mi vida. Y con ella, llegaba lo que siempre esperé: un por qué. Por fin había entendido quién soy, y qué era lo que yo realmente quería. Por qué, después de todo, ser noble no es todo lo malo que me había imaginado durante tantos años. Por qué SI puedo ser feliz siendo quién soy. Por qué si puedo amar a alguien completamente. Por qué sí puedo imaginarme un futuro mejor para mí.

Ella es todo eso. Por ella pude vencer todo lo malo que me aquejaba en mi vida. Por nadie más que ella. Por ella comprendí que haber sufrido tanto durante mi vida, al final valió la pena.

Por ella ahora soy feliz.

Por ella soy quién soy, y hoy, todos mis planes, mis expectativas, mi futuro, mi vida entera es lo que es gracias a ella.

No sé por qué dice que algún día dejaré de quererla, que la olvidaré, y lo que más duele... que supuestamente con otra persona podría ser feliz.


TODO ESO NO ES MÁS QUE UNA MALDITA MENTIRA.

No podría ser feliz con nadie más que ella, porque simplemente no podría, ninguna persona podría ya darme lo que ella me dio. Y hoy puedo decir sin vacilar, que es ella a quién quiero para el resto de mi vida. Y que jamás dejaré de amarla, pase lo que pase, por que soy así. Y punto.


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