Es bien sabido por la poca gente que frecuenta este espacio que acá escribo cuando estoy muy triste. Bueno, creo que han pasado cerca de 7 meses desde la última vez que escribí aquí, y es que en ese periodo de tiempo han pasado cosas que me alejaron de sentirme así… hasta hoy.
Todo comenzó un 8 de diciembre del año pasado, día que sería completamente normal si no fuera por un detalle, detalle que fue tomando cada y cada vez más importancia: el día en que la conocí. Pero el detalle se hace mucho más inusual considerando las cosas que pasaron anteriores a esa fecha.
En esos entonces tampoco me sentía muy bien que digamos, estaba a punto de terminarse el año, yo había terminado mi educación secundaria, estaba a pocos días de dar la PSU, y consideraba que algunas galletas de la fortuna podrían animarme en esos días de soledad absoluta. Muchas de esas galletas anunciaban lo mismo al unísono: un nuevo amor… antes de todo esto, no creía en esas frases, y ahora tampoco les creo mucho, pero las respeto enormemente.
Ella es interesante porque compartimos muchas experiencias en común, de las cuales conversábamos –casi- todo el día, y hasta esos momentos todo iba absolutamente normal, hasta que empezó a surgir eso que todos llamamos amor. Al principio ninguno de los dos lo quiso asumir, y los cercanos están conscientes de eso. Pero es algo que se dio. En ese instante ya no era mi mente la que estaba hablando, sino que era el alma, el corazón, o algo así.
Con el paso de los días se fue tornando cada vez más intenso, y las conversaciones eran cada vez más diferentes, y cada vez yo me sentía más enamorado, pero no lo quería asumir como tal, sino que era sólo el impulso. No quería llamarlo amor. Y cuando las cosas se pusieron mal las primeras veces, era fuerte, pero no de la manera correcta, pasaba los problemas por alto, los ignoraba. Pero no sabía que estaba cometiendo quizás uno de los errores más graves.
Aún puedo recordar la primera vez que le dediqué una canción, estaba muy nervioso, y los Beatles eran los únicos capaces de poder describir en una canción las diferentes cosas que iba sintiendo. Le dediqué una. Y desde entonces no he dejado de escucharla cuando quiero recordarla. Es una de mis favoritas.
Afortunadamente las cosas se solucionaban, y la relación volvía a la normalidad. Llegó un momento en que me sentí inspirado y decidido a decir completamente sincero todo lo que sentía en ese momento. No me importaba qué pasaría después, sólo me importaba el hecho de que supiera todo lo que sentía. Fue un momento mágico, me sentía feliz por había tenido la fuerza de decirle todo.
Creo que en ese momento comenzó la relación. A distancia, pero relación al fin y al cabo. Esa fue la primera vez desde que tengo uso de razón que podía decir que estaba completamente feliz. Como dice una cita de Walt Disney, dejé de dormir para comenzar a soñar. Soñaba con el momento en que pudiésemos estar juntos para siempre, ser felices ambos como una pareja hecha y derecha. Poder compartir más que experiencias: secretos, sentimientos, palabras, etc. Era lo que me mantenía con las fuerzas de poder soportar el hecho de no tenerla a mi lado, y sin embargo, hablarle, o por último hacerle sentir de algún modo lo que sentía.
Y así pasaron varios meses de altos y bajos. Todo eso hasta ayer.
Ese día sentí que me quitaron esas ganas de continuar como un ladrón puede quitarle a alguien un objeto con mucho valor sentimental. Me sentí horrible, y no atinaba a hacer nada, cualquier cosa que dijera o hiciera iba a terminar haciendo más daño del que alguna vez me sentí capaz de hacer. Hasta ese día, gran parte de mi felicidad estaba basada en que ella estuviera –relativamente- bien, no me importaba mucho lo que me pasara en lo personal, sentirla a ella bien me hacía feliz. Y a pesar de que en muchas de las conversaciones que tuvimos me guardé muchas cosas porque, o si bien eran obvias o desubicadas, podría decírselas en algún futuro.
Y en algún momento pensé que esto sería para siempre, y me da mucha, pero mucha pena pensar que quizás me equivoqué con lo que pensaba. Pero dentro de mí aún conservo una pequeña esperanza de que podamos salir adelante.
Hoy estoy a punto de perder los mejores siete meses y medio de mi vida, y no sé qué hacer. Estoy en la punta de un precipicio del cual no conozco fondo. Siento que cualquier paso que dé me tirará hacia al abismo. Sólo espero que algo, o alguien, pueda salvarme. No me siento capaz en este momento de decir algo al respecto, tengo mucho miedo de que esto pueda perderse para siempre, lo único que quiero es que … esto sólo sea una horrible pesadilla de la cual se despertará … o que por lo menos no sea tan doloroso, que no lo sea para ella, y para mí tampoco.
Sabés lo que haria yo en tu lugar?
ResponderSuprimirComo fuera me conseguiria la plata para comprar el pasaje y recudir la distancia. Un abrazo es el mejor remedio, para ambos.