sábado, 9 de octubre de 2010

Cuaticismos que llegaron para quedarse

Se supone que el tema ya se había olvidado, pasado pisado, y que por ende no ocurriría nunca más, pero, una vez más me equivoqué.
Terminando el día me duermo y espero que al otro día despierte con las energías suficientes para levantarme de la cama de madrugada sin que nadie me obligue. Pero pasó algo antes de eso.
Estaba en el café donde iba casi todas las semanas, estaba con una persona, sólo una, sentados en una banca en el salón central, en la ventana que da hacia un banquillo al costado del cerro. Hace muchísimo tiempo que no iba. Mientras conversabamos temas de actualidad y que cualquier persona normal conversa noto algo raro en su actitud que me llamó la atención. Se percibía que no se sentía bien. Más por curiosidad que por otra cosa le pregunto si acaso le pasaba algo malo, pero sólo me niega con la cabeza. Yo no me quedo tranquilo con esa respuesta y seguimos hilando el diálogo hasta que en un momento determinado ella se queda en silencio y yo también. Ella se arma de paciencia, da un suspiro y comienza a explicarme qué era lo que pasaba, era una historia parecida a una que había escuchado anteriormente otro contexto. La escucho atentamente y trato de decirle algunas cosas y conversar en la medida de lo posible, intentando no hiperventilarme ni hacer alguna estupidez. De pronto en la mitad de esa conversación, ella entra en algún estado psicológico extraño, podría ser un ataque de pena y frustración quizás. Dentro de mi mente durante ese instante pasaron demasiadas cosas, casi todas de índole sentimental, muchos recuerdos de situaciones fallidas anteriores, aunque, algo en mí me dijo que podía hacer algo para remediarlo, y que desde ahí era cosa mía si seguía o no. Y es ahí, entonces, cuando me afirmo de una oleada de autoestima y confianza, me acerco a ella y le doy un beso, simple, sólo un momento. Ella queda mirando perpleja la acción y posteriormente fija la mirada en mí. En esa instancia le dije algo que quizás pudo haber sonado elaborado, pero fue lo primero que se me ocurrió:
"Si te hice olvidar todo lo malo que te acomplejaba, aunque sea por un instante, habré cumplido mi misión"
 Luego de esto pasa lo que tiene que pasar, pude haber dicho evidentemente, pero sería incurrir en exageraciones y quizás en alguna falacia. Aquel momento de contacto se prolonga en el tiempo, no puedo determinar cuánto, pero se hizo sentir eterno. Luego de eso viene otro contacto visual y la contraparte de las palabras dichas con algo de romanticismo:
"Desde ahora, no quiero que nos separemos"
 Definitivamente aquí comienza una historia. Luego del diálogo nos tomamos de la mano y seguimos conversando pero esta vez con una confianza inimaginables, y posteriormente llegan amigos a compartir de la instancia, como es tradición. Una de ellas se da cuenta que algo raro estaba pasando, no duda en preguntar, pero nosotros sólo nos miramos y reímos sin soltarlos las manos. En ese momento despierto.
Nuevamente siento que el sueño no termina repentinamente ni cuando 'viene lo mejor', se dio el tiempo para que todo pasara como debía para entonces finalizar. Una sensación extrañísima viene a mi mente luego del suceso, me imagino la misma situación una y otra vez, y cómo fue que llegó a pasar, o como llegaría en un futuro en la vida real. Pero ya no puedo pensar mucho más en el tema, se me hace tarde y debo irme a clases.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada