Es un día viernes cualquiera. Despierto temprano por la madrugada con mi canción favorita de los Beatles en mi teléfono. La apago y me dirijo al baño para vestirme, luego desayunar y cerrar la puerta para irme a clases. Enciendo mi reproductor y en él hay mares de Rock clásico, por lo general me voy escuchando algo de Elton John o Men at Work. Cuando llego al Metro a veces me quito uno de los audífonos para poder estar más cómodo. La gente escucha música con sus audífonos de mala calidad, lo que hace que además de escuchar él escuchamos algunas personas a su alrededor. Por lo general se repiten esas cumbias de Américo, que se vuelven aburridas luego de cientos de veces de escucharla involuntariamente, y nunca falta el reggaetón que ha invadido a la sociedad joven en este último tiempo. Toca el momento de bajar del tren para salir a tomar el último bus que me dejará finalmente en el liceo. En la alameda es más común ver a gente escuchando música con sus radios portátiles, algunos escuchan algo de New Wave, generalmente la gente más adulta, y los jóvenes algo de cumbia o rock pesado, dependiendo del caso. Ya dentro del bus me coloco nuevamente los audífonos pero cambio mi género, y pongo algo de merengue. Luego me bajo de él y camino al liceo y escucho la última canción antes de atravesar la puerta y apagar el reproductor.
Dentro del liceo observo a la gente que va escuchando música, y se pueden observar gente que gusta generalmente de tres cosas: Pop, Grunge y Reggaetón. Algunos escuchan Rock clásico como yo, pero son los menos, y no lo noto casi. Una vez terminado el recreo, y si la eterna cátedra de los académicos aburre tal conversación de religión a un ateo enciendo nuevamente el reproductor y a escondidas escucho a Queen mientras con una mueca simulo que estoy prestando máxima atención, eso si no caigo hipnotizado por culpa de Morfeo.
Una vez terminada satisfactoriamente la jornada me coloco los audífonos y me pongo a pensar que si la música que los demás escuchan, la considerarán buena dentro de sus directrices de percepción. Con esa duda llego nuevamente al Metro y en el viaje, a veces considero un poco más profundamente la reflexión: “¿Qué pensará alguien que escucha Pop sobre el Metal? ¿Qué pasaría si a alguien que gusta del reggaetón le cambias el repertorio y le obligan a escuchar Rock pesado?” No me doy cuenta y ya estoy donde debo estar, esperando a una amistad para ir a un café del centro y relajar todas las tensiones de una semana difícil.
Y ya en el café, conversando con mis amigos y quizás con alguno de ellos compatiendo música a un volumen moderado con su teléfono para poder hacer más amena la conversación los gustos también difieren, y hay variedades, desde Metal hasta Electrónica.
Y ya camino a mi casa finalmente puedo observar cómo la juventud y los teléfonos con los altavoces estropeados de tanto esfuerzo por llevarse a la par con los ritmos del reggaetón causando el disgusto de muchos de los pasajeros del bus se llevan el protagonismo. No me preocupo mucho del tema, me coloco los audífonos y camino raudo a mi casa. Una vez allá el reproductor puede descansar de haberme servido todo el día, y mientras como algo para saciar el hambre una buena pieza de los Beatles no se hace esperar.
Este es un trabajo de Música, el cual tenía nulo interes en hacer, sin embargo lo hice y al parecer quedó bueno. Veamos qué opina la gente.
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